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Última hora de la guerra en Ucrania, en directo | Kiev dice que el avance ruso en Donbás es “la mayor ofensiva en Europa desde la II Guerra Mundial” | Internacional


90 días de la guerra, vistos desde Moscú: “El conflicto divide a los rusos, aunque solo una parte puede decirlo en público”

Por Javier G. Cuesta (Moscú). Sobre mi mesa, una vieja edición de 1990 de Ansiedad y esperanza, del premio Nobel de la Paz Andréi Sájarov. El científico, cuyo activismo por la paz y la libertad fue ampliamente reconocido por los rusos al final de su vida, hoy estaría en la cárcel.

El Kremlin cerró hace un par de meses la última televisión independiente del país, Dozhd, como hizo con la primera, NTV, hace un par de décadas. Hace unas semanas el banquero Oleg Tinkov malvendió su empresa y huyó de Rusia tras exigir “que acabe la guerra cuanto antes”, como ya hiciera hace años el empresario Mijaíl Jodorkovski por criticar al Kremlin. El periodista Dmitri Murátov recibió el Nobel el pasado año. Hace más de un mes que su diario, Nóvaya Gazeta, ya no publica nada.

Dos meses antes de ordenar su ofensiva, Putin logró que la justicia dictase la liquidación de Memorial, la ONG que fundó Sájarov para sacar a la luz los crímenes soviéticos y que posteriormente comenzó a investigar las injusticias actuales. Su prohibición fue el culmen simbólico de la limpieza de cualquier voz disidente, un proceso que llevó antes a la cárcel a un posible aglutinador de la oposición, como Alexéi Navalni, y a la proscripción de todo aquel que pudiera ser crítico, desde periodistas a políticos.

Las manifestaciones espontáneas fueron rápidamente suprimidas en marzo y más de 15.000 personas fueron arrestadas, según el portal OVD-Info, también proscrito. A ello ayudó una ley aprobada a toda prisa nada más comenzar la ofensiva que castiga con hasta 15 años de cárcel “la desacreditación de las fuerzas armadas” y la difusión de información falsa.

Antes de los bombardeos, el Gobierno ruso había exigido durante meses que la OTAN expulsase a sus miembros de Europa del este. Tras iniciar su ofensiva, Putin ha restado importancia a que dos países eternamente neutrales, Finlandia y Suecia, pidiesen su adhesión. La cuestión es que la seguridad fue un tema relevante, pero secundario. La gran obsesión siempre fue una batalla ideológica del Kremlin, salvaguardar lo que considera “el mundo ruso”, y un presidente que desde hace años solo piensa en la historia no podía permitirse ser recordado como aquel que permitió que el antiguo Rus de Kiev entrase en la Unión Europea y el mundo eslavo fuese globalizado.

“Somos un país diferente, jamás renunciaremos al amor a la patria, a la fe y los valores tradicionales, a las costumbres de nuestros antepasados”, dijo Putin a sus tropas el Día de la Victoria. “Hoy restauramos una justicia histórica: liberamos una parte de Rusia, el Rus de Kiev, que fue ocupado por alemanes, anglosajones y colonizadores judíos”, dijo esta semana el  rostro principal del Kremlin en sus medios, Vladímir Sovoliev, sobre la “limpieza” en Ucrania.

El conflicto ha dividido a los rusos, aunque solo una parte puede opinar de ello en público. La ‘Z’, el símbolo que ha intentado impulsar la propaganda, apenas ha calado en la sociedad, pero sí el mensaje de que Ucrania ha sido en parte culpable. Una gran parte apoya su aventura militar.

Mientras tanto, la economía atraviesa una fase extraña. Es casi imposible operar con bancos en el extranjero, los precios se han disparado más de un 20% —oficialmente— y muchos artículos occidentales y chinos ya no se venden, pero los supermercados siguen abastecidos y el rublo parece haber salido fortalecido. Sin embargo, el Banco Central de Rusia advierte de que todo esto es una ilusión pese a los mensajes triunfalistas de Moscú.

La gobernadora, Elvira Nabiúllina, recalcó hace un mes que las reservas se agotan y las fábricas no pueden importar repuestos, por lo que la crisis real llegará en el tercer trimestre. Más allá de la anécdota de que McDonald’s haya sido traspasada a un empresario siberiano y cambie de nombre, los indicios graves de la tormenta que está por venir son otros. Las autoridades ya reconocen que empiezan a faltar equipamientos médicos y algunas aerolíneas han comenzado a canibalizar sus aviones. Y si la esperanza es China, muchas de sus compañías también han decidido suspender sus negocios, incluida Xiaomi y Union Pay, la alternativa a Visa y Mastercard.



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