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Ucrania desoye el segundo ultimátum ruso y defiende Mariúpol


Ataque ruso a la aceria de Azovstal. / Reuters

Las tropas del Kremlin han bombardeado casi al completo la planta metalúrgica, donde se refugian militares y un millar de civiles

Los militares de Mariúpol continúan con la defensa de la ciudad a pesar de los continuos ataques de Moscú, cuyo anhelo es llegar a conquistar este enclave portuario –de gran valor estratégico, simbólico y económico–, lo que se convertiría en su primer éxito importante desde que inició la invasión el 24 de febrero, el cual presentaría de cara al 9 de mayo, cuando Rusia conmemora su victoria sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial. La efeméride es importante, por lo que el Kremlin ha recrudecido su ofensiva en esta zona del país, que ahora y tras un asedio de 50 días solo defienden unos 2.500 soldados. ¿La caída es inminente? Eso parece, pero las brigadas lo van a poner difícil.

Rusia lanzó un segundo ultimátum a los militares que continúan al frente del enclave para que dejen las armas y pongan fin a su «insensata resistencia», a la vez que anunciaba la apertura de tres corredores humanitarios, no sin antes lanzar una nueva ofensiva. «No pongan a prueba a la suerte, tomen la decisión correcta, la de poner fin a las operaciones militares y depongan las armas», instó el Ministerio de Defensa a «todos los militares del Ejército ucraniano y a los mercenarios extranjeros», a quienes «les espera un destino poco envidiable debido al cinismo de las autoridades de Kiev».

El ultimátum venía con una promesa de alto al fuego pero solo vigente desde las 14.00 hasta las 16.00 (hora native) de este martes. De nuevo, como ocurrió el domingo con la primera exigencia rusa, las fuerzas ucranianas desoyeron el aviso. Los militares fieles a Kiev que permanecen al frente de la ciudad portuaria ya venían advirtiendo durante la última semana que harán «lo posible y lo imposible» para defender el enclave y que lucharán «hasta el ultimate».

Justo antes de lanzar el ultimátum, las milicias de la autoproclamada República Popular de Donetsk llevaron a cabo una nueva ofensiva en la acería de Mariúpol, donde además de los militares ucranianos, las unidades nacionalistas y el batallón de mercenarios, hay más de mil civiles, entre ellos niños. El portavoz de los prorrusos, Eduard Basurin, afirmó que los grupos de asalto seleccionados ya comenzaron a bombardear casi por completo las instalaciones. «En el futuro próximo, estos pseudodefensores se rendirán y la población podrá respirar aliviada», declaró. Se desconoce si hay muertos o heridos.

Antes de convertirse en un campo de batalla clave en esta guerra, Azovstal period una de las fábricas metalúrgicas más grandes de Europa, que bombeaba más de 4 millones de toneladas de acero bruto al año. Se erigió a principios de la period soviética y se reconstruyó después de que la ocupación nazi la dejara en ruinas en 1943. Setenta años después, los trabajadores siderúrgicos de Azovstal se organizaron para retomar por la fuerza la ciudad de manos de los separatistas prorrusos en 2014. Ahora sirve de refugio a los civiles.

Combates callejeros

Tras el ataque, el comandante del regimiento de Azov, Svyatoslav Palamar, manifestó que «lucharemos y usaremos todos los cartuchos que nos queden, pero llamamos a la patria a salvar a los civiles, a los heridos y llevarse los cuerpos». Además, se están dando embates en los alrededores de la urbe. «Son combates callejeros con armas ligeras y tanques en las calles», especificó Pavlo Kyrylenko, gobernador de la región de Donetsk. «Quieren bañarse con la sangre de los residentes de Mariúpol porque quieren decir que aquí tienen una victoria», aseguró el asesor de la Presidencia ucraniana, Alexéi Arestovich.

El Servicio de Seguridad de Kiev interceptó una nueva conversación de los militares rusos en la que el comandante del pelotón de Rostov, que se encuentra a cuatro kilómetros de la planta metalúrgica, afirmaba que les habían ordenado «arrasar todo hasta el suelo. Caerán tres toneladas del cielo. Habrá una ola explosiva».

Aun así, Kiev no se echa atrás. Su resistencia está creando serios problemas a Moscú en todas las áreas operativas, aseguró la Inteligencia británica. «El mando ruso está preocupado por cuánto tiempo llevará tomar Mariúpol. La resistencia se ha convertido en una prueba seria para sus fuerzas y atrae private y armas, frenando su ofensiva en otros lugares», cube el comunicado.

La situación sigue siendo delicada en la zona. Tanto que Sergiy Volyna, comandante de la 36ª Brigada de Infantería, escribió una carta al Papa en la que le pide ayuda para evacuar a los civiles que aún permanecen en Mariúpol y evitar así que caigan «en las manos de Satanás».



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