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“Es aterrador. Cada noche vamos dos o tres veces al búnker”

02/03/2022 a las 10:01

CET


– Espera, es que mi novio ha escuchado algo fuera

Pasan lentos los segundos y al otro lado de la línea Daryna Pogdubna comienza a hablar en ucraniano con su novio. El tono es normal. Parece que esta vez la bomba ha caído lejos.

– Ya está. 

Daryna Pogdubna tiene 23 años, es ‘project manager’ de una empresa de Telecomunicaciones en Járkov, a escasos kilómetros de la frontera rusa, tiene una mochila en la puerta de casa con todo lo necesario para cuando haya que salir pitando -documentación, medicinas, agua, comida, linterna…- y desde que empezaron los bombardeos rusos a mediados de la semana pasada vive con el corazón en un puño. 

“Es horrible, mi familia y yo tenemos medio permanente. Mi novio, mi padre, tienen ataques de pánico, mi corazón late fuerte todo el rato”. Daryna habla un inglés perfecto y aunque ya no es el impacto del primer día sigue sin acostumbrarse al ruido de las bombas. “Es aterrador cuando las escuchas caer, es que hacen tanto ruido, las paredes tiemblan”, relata. 

La llamada se produce a media tarde, y solo 30 minutos antes Daryna salió de casa a las calles de su vecindario para comprobar si algún misil cayó cerca. Su barrio, Saltovka, está situado a en extremo oriental de la que es la segunda ciudad en número de habitantes de Ucrania (1,4 millones).

Este martes, precisamente, el brutal ataque con misil contra la sede de la administración regional de Jarkov ocupó las portadas de los diarios y los espacios de los informativos. En los bombardeos, que se extendieron también a barrios residenciales, murieron al menos 10 personas y 35 resultaron heridas.  

Para el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, los bombardeos contra Jarkov son “crímenes de guerra” porque la ciudad no alberga objetivos militares, según dijo ayer.

Las deflagraciones y los intercambios de disparos son constantes en la ciudad, sobre todo en el centro. “Es que hay edificios residenciales totalmente destrozados”, cuenta Daryna, que afirma que ha habido dos días de “batallas muy duras en la ciudad”. 

“Los nuestros defendieron muy bien Jarkov, pero sigue habiendo muchos soldados rusos en nuestra región”, desvela la joven, que cada noche tiene que “bajar dos o tres veces al búnker” cuando suena la alarma antiaérea. El espacio, revestido de hormigón y situado en el subsuelo a apenas 50 metros de su casa, alberga a personas permanentemente. 

“Hay gente que vive todo el día ahí porque sus casas no tienen doble muro”, señala Danyra, que duerme con su novio en una esterilla de acampada en el pasillo de su vivienda, “porque al lado de las ventanas te recomiendan no estar, es peligroso”.  

La movilidad por la ciudad es muy complicada. El toque de queda se ha extendido de las 16.00 a las 6.00 horas, el transporte público ha dejado de funcionar, y solo pueden moverse los que tengan coche… y gasolina en el depósito. “Las gasolineras están abiertas, pero no tienen combustible”, asegura. 

Los alimentos empiezan a escasear en muchas de las tiendas de comestibles. “El 90% está cerrados, y en los que hay cosas hay pocas, pan, un poco de agua si hay, cereales, patatas fritas y alguna verdura”, señala. Como medida de racionamiento, la administración local ha establecido que como mucho se pueden comprar dos kilos de comida por persona. 

En muchas partes de la ciudad no hay ya electricidad, sobre todo en la zona centro. “Nosotros ahora tenemos, pero a saber dentro de cinco minutos”, dice Danyra, que destaca la ola de solidaridad que hay entre los vecinos a través de los grupos de Telegram. “La gente se está ayudando mucho y también intercambian cosas”, desvela. 

Entre las personas que arriman el hombre están los voluntarios, ya tengan formación militar o no, que están yendo a por comida o prestando ayuda a los más vulnerables. 

Daryna afirma que no entiende el origen de esta invasión, y lamenta que la guerra está partiendo en dos a su familia, parte de la cual vive al otro lado de la frontera rusa. “Estamos en shock y no entendemos cómo mucha familia cree que Putin es un héroe, cuando viven en un régimen tan estricto…” 

Su malestar se hace extensible a casi todos los rusos. “Estamos cabreados porque ningún ciudadano ruso pregunta a Putin por qué está haciendo esto, no entendemos por qué no hacen nada”.  

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